Título: Ruge el león entre palmas y faroles
Cuando el león despierta, los tambores recuerdan y vibran, con la energía de dos mundos entrelazados.
Autor: María E. (Mery) González Toledo
Técnica: Pintura Tradicional China Xieyi
Materiales: Tinta china sobre Papel Xuan
Dimensiones de la obra: 37 x 48 CMS
Cuenta la leyenda que hace siglos, cuando los primeros chinos llegaron a La Habana, trajeron consigo no solo arroz, tinta y papel, sino también guardianes invisibles. Uno de ellos era el espíritu del león celestial, protector de los pueblos y devorador de malos augurios.
En las noches de luna llena, cuando el Barrio Chino se vestía de faroles rojos y los tambores resonaban como corazones antiguos, el león descendía a recorrer sus calles. No caminaba solo: lo llevaban hombres ocultos bajo su cuerpo bordado, cuyos pies eran los únicos testigos visibles de su presencia. Se decía que quien mirara al león a los ojos durante la danza, vería reflejado el rostro de sus ancestros.
Esta escena recrea una atmosfera ritual que respira tradición y mestizaje, donde el león danza entre palmas cubanas, y su cuerpo vibra con la energía de dos mundos entrelazados. Cada salto es una bendición, cada giro una ofrenda.
Y al final, cuando el tambor calla, el león se detiene frente a un altar improvisado: frutas tropicales, arroz, y una vela encendida, donde el humo del incienso envuelve la escena, como un susurro ancestral. Entonces, el rugido se convierte en susurro, y el barrio entero respira en paz.
Nota: Esta obra es la quinta de la serie cronológica “Raíces en la tierra ajena”, que rinde homenaje a la resiliencia, la memoria y la identidad de la comunidad china en Cuba.

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