Raíces en la tierra ajena llega hoy a su fin, pero las historias, emociones y memorias que despertó seguirán creciendo mucho más allá de las paredes de la Casa de Artes y Tradiciones Chinas. Esta exposición nació del deseo de explorar identidades, desplazamientos y vínculos que persisten incluso cuando la vida nos lleva lejos de nuestros orígenes.
A través de imágenes, objetos y símbolos, recorremos el viaje de los primeros migrantes chinos que llegaron a Cuba en el siglo XIX, su integración en la vida isleña, y su firme defensa de las tradiciones ancestrales. La narrativa visual es en sí, un homenaje a la resiliencia, la memoria y la identidad de estas personas.
Desde los campos de caña hasta las calles de La Habana, la comunidad china dejó una huella indeleble en la cultura cubana. Esta muestra celebra esa herencia viva, culminando en la luz poética del Festival del Medio otoño, donde la luna se convierte en testigo de una historia compartida.
La Agencia China XINUA en español, destaca, en su artículo publicado recientemente, y también en la publicación multimedia que dio cobertura a la inauguración de la exposición, cómo esta producción pictórica rinde homenaje a la historia de la emigración china en Cuba, y expresa: “Raíces en la tierra ajena” fue más que una muestra: fue un espacio de encuentro, una conversación entre lo ancestral y lo contemporáneo, una celebración de lo que florece lejos de casa. “Raíces en tierra ajena no solo expone, sino que honra.”
Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que hicieron posible este espacio. A quienes me facilitaron el local, gracias por abrirme las puertas con generosidad y confianza, por creer en este proyecto y permitir que estas obras encontraran un hogar temporal donde dialogar con tantas miradas.
A cada visitante, gracias por su tiempo, su sensibilidad y su curiosidad. Cada conversación, cada comentario y cada gesto de apoyo enriquecieron el sentido de esta muestra. Ustedes le dieron vida a las piezas, completaron su significado y confirmaron que el arte florece cuando se comparte.
Me llevo el honor de haber conectado con tantas personas y la alegría de saber que estas raíces, aunque sembradas en tierra ajena, encontraron terreno fértil en ustedes.
Haber podido compartir este viaje ha sido un privilegio profundo y más que una exposición, se ha convertido en un puente entre tiempos, lenguas y corazones.
Gracias por acompañarme en este camino. Hasta la próxima siembra.
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