lunes, 6 de octubre de 2025

La tinta fluje sin fronteras y rinde homenaje a la comunidad china en Cuba

Pintura tradicional oriental estilo Xieyi

La exposición “Raíces en la tierra ajena” rinde homenaje a la resiliencia, la memoria y la identidad de la comunidad china en Cuba. Mediante la pintura tradicional china, se narra una travesía silenciosa tejida entre dos orillas: los puentes invisibles de brumas y tintas fluyen sin fronteras, uniendo culturas, y evocando un viaje de siglos.

No se trata solo de un despliegue de imágenes, sino de un mapa emocional y una memoria compartida que resaltan símbolos y esencias. Las obras trazan el recorrido de los primeros migrantes chinos que, desde el siglo XIX, arribaron al puerto de La Habana y, sin renunciar a sus tradiciones ancestrales, se integraron paulatinamente en la vida isleña.

Cada pintura nace del gesto migrante y del eco de quienes llegaron en silencio, sembrando laboriosidad y respeto en tierras de acogida. En ellas el espectador descubrirá:
  • Murallas que emergen de la niebla,
  • Rostros silenciosos ante la tierra desconocida y ajena,
  • Cañaverales que se despliegan como páginas abiertas,
  • Machete en alto, gestos que expresan pertenencia y transformación.
  • Manos que hicieron del mercado, un altar de vida
  • Leones rugientes que despiertan memorias dormidas,
  • Leyendas suspendidas como oraciones, y susurros al aire.
Que cada imagen hable en su propio idioma y cada título murmure su relato. Al abandonar las presentaciones, el visitante se llevará no solo la belleza de las escenas, sino también la memoria viva que ellas encierran.

Las técnicas de pintura tradicional china impregnan las composiciones de belleza y espontaneidad, son imágenes que sugieren, pero no dicen, e invitan al espectador a contemplar y dejarse llevar por la obra y en la nostalgia del viaje que se intuye en cada trazo, y actúa como hilo invisible que guía el recorrido de esta exposición.

Desde los campos de caña hasta las callejuelas de La Habana, la comunidad china dejó una huella indeleble en la cultura cubana. Esta herencia culmina aquí, en la luz poética del Festival del Medio Otoño, donde la luna y la diosa Chang-e se alzan como testigos de una historia compartida entre dos mundos.
 
Por todo ello, Raíces en la tierra ajena es, en definitiva, un puente entre tiempos, lenguas y corazones; una ofrenda a quienes cruzaron mares, edificaron comunidades con tesón, y todavía buscan sus raíces en una tierra que algún día fue extraña.

A continuación, la relación de las obras exhibidas. El enlace en cada uno de sus títulos lleva, en página aparte, a las imágenes y narrativas correspondientes:

Puentes de bruma: Donde la tinta fluye sin fronteras, como puente entre dos culturas.

Silencio que estremece: Rostros que reflejan el cansancio de un largo viaje, una mezcla de incertidumbre y agotamiento, pero también de esperanza ante la tierra desconocida y ajena.

Manos que cortan y raíces que resisten: Dignidad y perseverancia entre los “culíes”, ellos laboran en silencio, y estampan las huellas de su identidad entre cañaverales.

De esclavos a mambises: Fieros en el combate de la lucha por la independencia de la tierra ajena, amistosos en la retaguardia, hermanos en la vida diaria.

Espacios compartidos en el mercado urbano: Muestra el alma de un pueblo que sembró raíces en la tierra ajena, con manos propias, haciendo del mercado, un altar de vida.

Ruge el león entre palmas y faroles: Cuando el león despierta, los tambores recuerdan, y entre palmas y faroles, los ancestros danzan.

Change la diosa que nunca olvida: Mensajera de la paz, la armonía y la unión familiar. Su túnica danza con la brisa salada, como si La Habana la tuviera abrazada.

 

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